José Luis Rodríguez Zapatero ha vuelto a engañar a todo el mundo. Esta vez ha tocado en Navarra. El inquilino de la Moncloa tiene que estar satisfecho, porque si lo que quería era ganar tiempo de cara a las elecciones generales sin tener que comprometerse demasiado, lo ha conseguido, aunque el precio haya sido dejar en la estacada al dimisionario Fernando Puras, al que puso, precisamente, para llevar a cabo la negociación con Nafarroa Bai y para obtener los resultados que ahora ha vetado.

Zapatero promete, promete y promete, pero nunca cumple. Son muchas las letras que tiene que pagar y después de convertir en cadáveres políticos a muchos de sus correligionarios, ahora les ha llegado el turno a los socialistas navarros. ZP engaña a todos o todos se dejan engañar por ZP, que lo mismo me da que me da lo mismo. Y mientras tanto, ETA no ceja en su empeño de pretender la anexión de Navarra, que puede convertirse en el Waterloo particular del presidente del Gobierno, experto en embaucar a la gente y en engañarse a sí mismo.

Las promesas incumplidas no son gratis y antes o después pasarán factura y es entonces, sólo entonces, cuando Zapatero habrá de dar la cara para que se la partan de una vez por todas.